Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

Confieso que cuando recibí la invitación del laboratorio Vichy para participar del Ladies Fest no tenía del todo claro qué esperar. ¿Sería una fiesta para mujeres? ¿Un evento de belleza? ¿Un encuentro de bienestar? La curiosidad creció al ver el line-up: yoga, meditación con cuencos, talleres de maquillaje, charlas inspiradoras y distintas propuestas de desarrollo personal. Una grilla amplia, diversa, con muchas temáticas conviviendo en simultáneo.

Así llegamos al Hilton Pilar, donde finalmente entendimos de qué se trataba: una jornada pensada para regalarse tiempo, aprender algo nuevo y compartir con otras mujeres en un clima relajado y cercano.

Detrás de la idea, el desarrollo y la convocatoria estuvo la maquilladora Gaby Buk, quien desde temprano recibió personalmente a las asistentes. Uno de los detalles más llamativos fue verla saludar una por una a las mujeres que aguardaban para ingresar. Ese gesto simple marcó el tono de todo el encuentro: cercanía, contención y comunidad.

Belleza, bienestar y comunidad

Buk es maquilladora profesional, creadora de contenido de belleza y organizadora de experiencias dedicadas al bienestar femenino. Con una fuerte presencia en redes sociales, donde comparte tips de maquillaje, skincare y estilo de vida, se convirtió en una referente para mujeres que buscan potenciar su imagen de forma simple y cotidiana.

Formada también como psicóloga, combina su conocimiento sobre estética con una mirada más integral sobre el bienestar y la autoestima. A través de talleres, cursos de automaquillaje y eventos experienciales, promueve el concepto de la belleza como una herramienta de expresión personal y autoconocimiento.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“Para mí hay tres pilares fundamentales con mi comunidad: la autenticidad, la cercanía y la contención”, explicó Buk en diálogo con LOCALLY. “Intento mostrarme vulnerable, responder personalmente los mensajes y saludar a cada mujer que viene a los eventos”.

Un “Lollapalooza para mujeres”

La idea del Ladies Fest surgió con un objetivo claro: crear una experiencia con múltiples propuestas simultáneas, algo así como un “Lollapalooza para mujeres”, donde cada participante pudiera elegir entre distintas actividades a lo largo del día.

La agenda incluyó talleres de maquillaje, charlas inspiradoras, espacios de conversación y experiencias de bienestar. Entre ellas, el espacio de Vichy ofrecía clases de yoga y sesiones de meditación con cuencos, generando momentos de pausa y conexión en medio de la dinámica del evento.

A diferencia de otros encuentros más pequeños, como el Ladies Weekend —un formato más íntimo con alrededor de 70 mujeres— el Ladies Fest implicó un desafío logístico mayor.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“En el Weekend el grupo hace todo junto y es más fácil de coordinar. El Fest es distinto porque hay muchas propuestas al mismo tiempo”, explicó Buk. Aun así, la organizadora aseguró que la experiencia superó ampliamente las expectativas.

Un evento organizado con mucho esfuerzo personal

La organización del encuentro comenzó varios meses antes y, según contó Buk, implicó mucho trabajo personal y coordinación con distintas marcas y equipos.

Desde la compra de elementos de decoración hasta resolver imprevistos logísticos de último momento, gran parte de la producción se hizo prácticamente “a pulmón”. Incluso hubo momentos en los que la propia organizadora se ocupó de trasladar materiales y equipamiento necesarios para las actividades.

Ese espíritu artesanal también fue parte del encanto del evento: lejos de una producción impersonal, el Ladies Fest se sintió como un proyecto construido con dedicación y cercanía hacia su comunidad.

Maquillaje, autoestima y mujeres +40

Durante el evento también hubo espacio para hablar de belleza desde una mirada más profunda. Buk, cuyo público mayoritario está compuesto por mujeres mayores de 40 años, considera que el maquillaje está muy ligado a la autoestima.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“Muchas mujeres sienten que maquillarse demasiado puede hacerlas parecer más grandes. Por eso intento enseñar herramientas simples para el día a día, para que el maquillaje acompañe y no transforme”, explicó.

En esa misma línea, actualmente está lanzando a través de sus redes sociales su propia línea de maquillaje, que incluye correctores y una paleta pensada especialmente para las necesidades de la mujer argentina, con tonos más clásicos y naturales.

Un día para desconectar

Uno de los objetivos del evento fue crear un espacio relajado para las participantes. Por eso, todos los oradores recibieron una consigna clara: evitar temas que pudieran generar incomodidad y priorizar un clima de contención.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“La idea era que las mujeres pudieran desconectarse por un día de la realidad y sentirse cómodas y acompañadas”, explicó Buk.

Cuando el sol empezó a caer sobre Pilar y el sunset marcó el cierre de la jornada, muchas coincidían en lo mismo: más que un evento, había sido una experiencia de encuentro.

En tiempos donde casi todo pasa por una pantalla, el Ladies Fest recordó algo simple pero poderoso: nada reemplaza el valor de mirarnos a los ojos, compartir una charla y sentirnos parte de una comunidad.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega. Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40. El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo. De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia. Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia. Qué es un baño de sonido Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas. A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente. “No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega. Qué sucede en el cerebro y el cuerpo Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral. “Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala. Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración. Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral. “Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”. Una búsqueda que empezó hace más de 25 años La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal. Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente. “Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión. Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica. “Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega. Un spa para el sistema nervioso Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas. Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso. “Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica. El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma. “Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”. Una práctica que gana espacio en el mundo El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo. Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias. “No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega. Próxima experiencia La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires. Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos. Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital. “La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica. Una pausa necesaria Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto. El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo. Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega.

Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40.

El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo.

De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia.

Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia.

Qué es un baño de sonido

Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas.

A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega. Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40. El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo. De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia. Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia. Qué es un baño de sonido Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas. A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente. “No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega. Qué sucede en el cerebro y el cuerpo Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral. “Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala. Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración. Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral. “Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”. Una búsqueda que empezó hace más de 25 años La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal. Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente. “Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión. Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica. “Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega. Un spa para el sistema nervioso Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas. Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso. “Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica. El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma. “Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”. Una práctica que gana espacio en el mundo El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo. Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias. “No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega. Próxima experiencia La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires. Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos. Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital. “La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica. Una pausa necesaria Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto. El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo. Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega.

Qué sucede en el cerebro y el cuerpo

Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral.

Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala.

Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración.

Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral.

Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”.

Una búsqueda que empezó hace más de 25 años

La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal.

Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente.

Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda.

Ese hallazgo marcó un punto de inflexión.

Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica.

Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega.

Un spa para el sistema nervioso

Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas.

Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso.

Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica.

El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma.

Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”.

Una práctica que gana espacio en el mundo

El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo.

Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias.

No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega.

Próxima experiencia

La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires.

Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria

Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos.

Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital.

La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica.

Una pausa necesaria

Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto.

El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo.

Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

Este verano, el Bioparque Temaikèn suma una nueva propuesta pensada para toda la familia que combina tecnología, educación y conciencia ambiental. Se trata de “Planeta Vida”, una experiencia inmersiva que invita a grandes y chicos a conocer el planeta, entender su fragilidad y reflexionar sobre la importancia de cuidarlo.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

Fuimos invitados a participar del evento de lanzamiento de esta nueva atracción, una instancia especialmente pensada para presentar el recorrido y su mensaje central. Al llegar, fuimos recibidos por los “capitanes” de la nave, quienes nos guiaron durante toda la experiencia y nos invitaron a embarcarnos en un viaje sensorial por la Tierra, con un objetivo claro: tomar conciencia del rol que cada uno puede cumplir en la protección del medio ambiente.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

La propuesta fue desarrollada con tecnología de última generación y plantea un recorrido inmersivo a bordo de un transbordador que permite “viajar” por distintos ecosistemas del planeta. A lo largo del trayecto, se pone el foco en la biodiversidad, el delicado equilibrio natural y las consecuencias que tienen las acciones humanas sobre el entorno. Lejos de ser solo una experiencia visual, “Planeta Vida” busca generar emoción, reflexión y compromiso.

Uno de los ejes centrales del recorrido es invitar a los visitantes a sumarse como guardianes del planeta, entendiendo que pequeñas acciones cotidianas pueden generar un impacto positivo en el cuidado de la fauna, la flora y los ecosistemas.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

“Planeta Vida” puede experimentarse visitando el Bioparque todos los días de 10 a 19 horas durante el verano, y se presenta como una excelente opción cercana para los vecinos de Nordelta, Tigre y zonas aledañas, ideal para disfrutar en familia durante las vacaciones.

Esta nueva experiencia se suma a las múltiples actividades educativas y recreativas que la Fundación Temaikèn impulsa desde hace más de 25 años, con el objetivo de reconectar a las personas con la naturaleza y promover el cuidado de la fauna y flora autóctonas.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

Además, visitar el Bioparque no solo implica una propuesta recreativa, sino también un compromiso: cada entrada contribuye a los programas de conservación, rescate de animales y protección de ecosistemas que la fundación desarrolla en distintos puntos del país.

Una experiencia para disfrutar, aprender y, sobre todo, salir con una mirada renovada sobre el planeta que habitamos. 🌱✨

El destino caprichoso quiso que Billy Waller se fuera demasiado pronto, apenas superados los 50, dejando más de 400 obras en su taller: huérfanas, silenciosas, desconocidas para muchos. Una responsabilidad inmensa, sobre todo para su familia. No era una herencia sencilla. Billy había mostrado su obra en contadas ocasiones; el resto vivía puertas adentro, protegido como un secreto, como un mundo íntimo que él habitaba para resistir, sanar y comprenderse.

Prolífero, inquieto, indómito, hizo del arte su guarida y su manera de darle forma a lo que le ardía en el alma. Y cuando partió, intempestivamente, su mujer y sus dos hijos tuvieron que tallar un nuevo destino sobre ese vacío.

Perder a un ser querido es doloroso; perder a un padre es indescriptible. Y tener apenas veinte años vuelve todo aún más complejo. Hizo falta una década para que María, su hija mayor, pudiera volver a mirar de frente esa obra detenida en el tiempo, dormida en un altillo y cargada de emociones que todavía no encontraba cómo nombrar.

No fue un camino lineal. Fueron diez años de juntar señales, hilvanar migajas de memoria, decodificar emociones y consensuar entre tres qué hacer con una herencia tan íntima como abrumadora. María tuvo que alejarse para poder acercarse de otro modo; tuvo que soñar, llorar, dudar y volver a empezar.

Como si un hilo invisible guiara sus pasos, fue encontrando el modo. Así nació el Espacio de Arte Billy Waller. En Villa Pueyrredón, un viejo taller mecánico fue transformado (y transformando a quienes lo habitaban) hasta convertirse en un proyecto que comenzó como intuición y terminó revelándose como destino.

En 2024, María decidió convertir esa intuición en obra concreta. Trabajó un año entero aprendiendo, restaurando, investigando y catalogando cada pieza. Tuvo que abrir una por una las obras, dialogar con ellas, reconocer a un padre quizá desconocido, entenderlo desde otro lugar. A veces, incluso, tuvo que dejar de ser hija para avanzar entre lienzos de una intensidad conmovedora. Pero, como el amor después del amor toma otro sentido, María logró darle sentido al arte después del artista.

“El Galpón”, como llaman íntimamente al espacio, promete convertirse en un punto de referencia en un barrio porteño que vive una transformación silenciosa. Quizás no solo renazca la obra de Waller: tal vez también esté gestándose un nuevo polo artístico y cultural capaz de acercar el arte —y sus movimientos— a más vecinos.

La inauguración del Espacio de Arte Billy Waller

Ese proceso íntimo, arduo y luminoso desemboca ahora en una noticia que marca un antes y un después: la inauguración formal del Espacio de Arte Billy Waller, un lugar dedicado a la puesta en valor, preservación y difusión de su obra.

El proyecto tuvo una antesala en la muestra íntima “La trastienda”, donde, a principios de noviembre, se presentó el detrás de escena de todo el trabajo que María, su familia y colaboradores llevaron adelante: un meticuloso proceso de conservación, restauración, investigación y catalogación de su producción.

“Hubo ruido y su forma aterrizó acá”

Ese recorrido culmina con la apertura de la exposición “Hubo ruido y su forma aterrizó acá”, una selección representativa y profundamente reveladora de su obra.

La exhibición retrospectiva fue diseñada gracias a la curaduría de María Waller y Lucía Ramundo. Su inauguración será el sábado 29 de noviembre y podrá visitarse hasta el 15 de marzo.

Dentro de la pintura de caballete, Waller encontró un ejercicio vital donde traducía en materia su vínculo con el entorno y con sus emociones. Lo que a primera vista podría parecer puramente abstracto se vuelve gesto, intensidad, forma viva. En su obra, lo sensible y lo técnico se entrelazan sin jerarquías. Su producción, vasta, rebelde y profundamente personal, recorre universos singulares que no se parecen a nada más que a sí mismos.

El riguroso proceso de investigación permitió identificar continuidades, rupturas y exploraciones que revelan a un artista sólido, libre y sorprendentemente heterogéneo, siempre comprometido con la experimentación. Fiel a esa búsqueda autónoma y sincera, el espacio abre sus puertas con el deseo de generar un diálogo entre su obra y el presente, convocando también a artistas y producciones contemporáneas que puedan resonar con ella.

Sobre Billy Waller

Billy Waller nació en Buenos Aires en 1964. Tras finalizar sus estudios secundarios ingresó al Centro de Artes Visuales, donde se formó en dibujo, pintura, escultura y grabado. Allí asistió al taller de Noé Nojechowicz, espacio en el que exploró el surrealismo y produjo una serie destacada de su obra.

En 1988 continuó su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, donde fue alumno de Jorge Demirgian. Ese mismo año, junto a un grupo de artistas, formó el taller 2/17 en San Telmo, bajo la supervisión de José María Cáceres.

Desde entonces, su obra osciló entre dos lenguajes: la abstracción como vehículo de fuerza expresiva y la figuración como anclaje de lo humano dentro de esas tensiones.

Hacia 1990 instaló su propio taller, que mantuvo durante más de quince años. Aunque incursionó en la escultura, fue a partir de 2008 cuando retomó esa práctica de manera sistemática, trabajando junto a Alberto Delponti y, luego, en mármol con Beatriz Sotto García. En 2006 participó de la exposición colectiva Soho Telo Muestra, junto a artistas como Nicola Constantino, Florencia Rodríguez y Alberto Pasolini, entre otros.

A lo largo de su trayectoria, Waller expuso en espacios como el Centro Alfredo Fortabat, la Fundación Banco Patricios, el Centro de Arte Contemporáneo de las Naciones Unidas, el Salón de Otoño, el Espacio Giesso y la Biblioteca Ameghino. Obtuvo el primer premio en dibujo de la Fundación ARCHE, así como el primer premio en pintura en las Naciones Unidas y el Museo Víctor Roverano. El Salón de Otoño también le otorgó el segundo premio en pintura.

A partir de 1995 se alejó del circuito expositivo para dedicarse de lleno a la producción y a la enseñanza de dibujo y pintura en su taller. Su obra, extensa y prolífica, sigue revelando piezas que aparecen ocasionalmente en manos de amigos o antiguos alumnos.

En sus últimos años expuso en En contraste y en la feria BADA (Pilar, Buenos Aires). Tras su fallecimiento, en 2015, su familia organizó dos muestras homenaje, y el Museo Benito Quinquela Martín presentó una retrospectiva bajo la curaduría de Yamila Valeiras. Una de sus obras forma parte de la colección del Museo.

Información

Instagram: @artebillywaller
Visitas: con cita previa — +54 11 5976 7311
Mail: artebillywaller@gmail.com
Entrada: libre y gratuita
Dirección: Espacio de Arte Billy Waller — Cochrane 3140, Villa Pueyrredón, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

MANUEL DE FRANCESCO: El escultor que celebra la vida entre arcillas, silencios y hombres-niños

En una calle tranquila de Villa Crespo, detrás de una fachada anónima de puerta roja, se esconde un universo donde el tiempo parece detenerse. Es el taller de Manuel De Francesco, artista plástico, escultor, docente, y sobre todo, un hombre de una serenidad que se contagia. Visitamos su espacio y compartimos una mañana entre sus obras, testigos mudos de su búsqueda constante.

MANUEL DE FRANCESCO: El escultor que celebra la vida entre arcillas, silencios y hombres-niños

Hay algo en él que desarma. Su tono pausado, su humildad, su forma de mirar cada una de sus esculturas como si las estuviera viendo por primera vez. “En general me gusta estar solo y trabajo solo —dice mientras camina entre figuras de cemento y arcilla—. Pero hay momentos en que estoy un poco desbordado… como verás, nunca hay tantas obras. Ahora justo estás viendo cuatro grandotas, y eso ya es lo máximo que puedo hacer acá adentro. Más grandes no salen.”

Cada rincón del taller tiene huellas de proceso: yeso, arcilla, bocetos, herramientas, polvo, silencio. “Cuando las hago más grandes tengo que ir a otros talleres. Estas, por ejemplo, son de cemento hueco. A veces necesito ayuda para manipularlas”, cuenta con naturalidad, como si hablara de algo cotidiano.

De La Rioja a las formas del cuerpo

Manuel nació en La Rioja, hijo de una maestra española y un herrero italiano. “Mi mamá era maestra, mi viejo herrero, y en casa siempre había arte. Mi mamá me impulsaba mucho, me regalaba libritos, me llevaba a estudiar dibujo. Creo que desde chica descubrió que tenía cierta inclinación.”

Creció en una familia numerosa: nueve hermanos. “El más grande soy yo, y el único que se dedicó al arte como profesión. Pero tengo hermanos que son herreros, medio artísticos también. En casa la manualidad estaba presente.”

De chico ya mostraba facilidad para lo tridimensional. “Me encanta la pintura, pero tengo una relación malísima con el color y la línea. Siempre me resultó natural modelar. Me das un papel y un lápiz y me siento inútil. Pero con el volumen, con la arcilla, todo fluye.”

Cuando estudiaba en la Escuela Prilidiano Pueyrredón —hoy Universidad Nacional de las Artes (UNA)—, un profesor le dijo algo que nunca olvidó: “Todo es dibujar. Bailar es dibujar. Tallar es dibujar.”
“Entonces yo me llevaba un cubo de yeso a la clase de dibujo y lo tallaba. Era mi manera de dibujar”, recuerda riéndose.

A los nueve años su familia se mudó a Córdoba, donde pasó buena parte de su vida y donde sigue volviendo siempre. “Estoy mucho en las sierras, en un pueblito que se llama Villa Sardina, en Punilla. Es un lugar donde me reencuentro conmigo. Tiene algo de esa paz que necesito.”

La síntesis y el movimiento

Terminó la carrera en el año 2000. “Empecé a investigar por mi cuenta, sin saber muy bien de qué manera me iba a meter en esto. Quería que el arte fuera mi profesión. Y lo logré… te juro que fue un milagro. Jamás pensé que iba a vivir de esto.”

En sus primeros años como escultor trabajó mucho la talla en piedra y madera, un aprendizaje que lo obligó a “sacar para que aparezca la forma”.
“Eso me llevó a sintetizar, a geometrizar, a eliminar detalles. Mis primeras esculturas eran casi tótems, muy geométricas, con la figura humana apenas insinuada.”

Pero cuando volvió a la arcilla, su lenguaje cambió. “Mantuve la síntesis y la geometría, pero le sumé movimiento. Rompí el esquema ortogonal y me fui hacia lo que yo quería hacer: la expresión del cuerpo. Más que nada, eso: la emoción del cuerpo.”

De esa exploración surgió “Hombres Niños”, su serie más emblemática. “El personaje no tiene nombre. Es un proyecto que llamé así porque Ana María Campoy, a quien conocí y quise mucho, decía ‘son hombres-niños’. Tienen algo indefinido en la edad, un candor… no sé si fragilidad, pero sí…una ternura. Desde entonces, el 90% de mi obra pasa por esa imagen: el mismo personaje que va mutando y cambiando.”

Cada uno de esos personajes tiene su momento. “Hubo tandas de producción, épocas de efervescencia. Después me dedico a buscar variantes dentro de lo mismo. Ahora estoy en una etapa de cambiar la escala de las obras: agrandarlas, llevarlas a otras dimensiones. Algunas las modifico digitalmente, con la ayuda de alguien que traduce mis manos en la pantalla. Es algo nuevo para mí, pero sigue siendo mi obra.”

Vivir del arte

Hoy Manuel puede decir que vive de lo que ama. Pero el camino no fue inmediato.
“Después de la carrera pasé años medio perdido, sin saber cómo insertarme. En 2005 llevé unas piezas a un local en Recoleta que vendía solo arte. Fui con timidez, casi pidiendo disculpas. Me pidieron obras grandes, y justo era una época en que se vendía mucho afuera, por el turismo y el dólar. Eso me abrió puertas. A partir de ahí conecté con galerías, especialmente en Uruguay.”

Desde entonces, su obra recorrió el mundo: Portugal, España, Suiza, Uruguay. “En Montreux hice una exposición preciosa. También participé en ferias colectivas. Y vendí desde acá para lugares rarísimos. Ya ni sé dónde están algunas esculturas. Tendría que hacer un mapamundi y marcar dónde viven mis obras.”

MANUEL DE FRANCESCO: El escultor que celebra la vida entre arcillas, silencios y hombres-niños

Pero su vínculo con el público va más allá de lo comercial. “Las exposiciones para mí son celebraciones. La mayoría de los artistas expone para vender. Yo si vendo, buenísimo. Pero lo hago para compartir, para celebrar. Me divierte mostrar algo nuevo, una idea, un rumbo.”

Las redes sociales también se convirtieron en aliadas. “Han ayudado mucho. Hoy tengo un ritmo de ventas sostenido. Pero lo importante sigue siendo crear, disfrutar el proceso.”

El arte como espacio vital

Además de artista, Manuel es docente en la Universidad Nacional de las Artes. “Tengo muchos alumnos por cuatrimestre. Y lo lindo es que no todos buscan vivir del arte. Algunos escriben, otros se van hacia la curaduría o la historia del arte. Es un universo enorme.”

Su forma de enseñar tiene el mismo tono con el que habla: tranquilo, empático, paciente. “Hay algo de mi mamá maestra, creo. Ella me transmitió esa vocación de acompañar.”

Manuel transmite una serenidad profunda. Estar a su lado se siente como bajar un cambio. Hay una coherencia entre su modo de ser y su obra: simpleza, calma, humanidad. El lujo de la sencillez 

La celebración de lo nuevo

El 28 de noviembre, Manuel presentará una nueva muestra en una galería de arte de Buenos Aires. Una cita que espera con entusiasmo, más como un reencuentro que como un evento.
“Me gusta conocer gente, me divierte. Y esta muestra es eso: una excusa para reunirnos, para celebrar. A veces las ideas nuevas son apenas una intención, pero compartirlas siempre vale la pena.”

Su taller, lleno de cuerpos suspendidos, gestos quietos y miradas suaves, parece un espejo de su mundo interior. En cada escultura hay algo de él, algo de ese hombre que aprendió a dibujar en el aire, a darle forma al silencio y a celebrar la vida a través del arte.

Mariela Ivanier: el arte de la abundancia

Este año conocí a Mariela Ivanier en un almuerzo, gracias a una amiga en común. Me llamó la atención su mirada atenta y su atuendo colorido: una túnica, collares grandes y anteojos de marco ancho. Sin duda, alguien con personalidad, pensé. La había cruzado alguna vez en un evento, pero nunca había tenido trato con ella.

Sabía que era colega y experta en gestión de crisis. Poco después coincidimos en una interconsulta por un cliente y, a partir de allí, empezaron a surgir encuentros —siempre por iniciativa de Mariela— que me permitieron conocerla más hasta llegar a esta entrevista.

Una de esas invitaciones fue a un evento en su casa. Allí descubrí su mundo, enmarcado en la Colección Rivarola: unas 400 obras de arte, supe después. En ese momento me limité a observar: el recibidor, el bar azul, el living (que también es su oficina), el comedor, el dormitorio “rojo amor” y hasta el vestidor, todos colmados de arte.

Sí, también el vestidor, porque Mariela abre su casa de par en par, literalmente. “Mi intimidad está en otro lado, no en que conozcan mi vestidor. Yo tengo una vida personal, muy personal, como casi todos, que no está en este departamento ni en esta colección ni en los objetos”, sentencia con claridad.

Donde se mire hay obras, pero también colecciones de objetos: jarrones, estuches de anteojos, muñecas, animales en miniatura. Mariela colecciona arte desde hace 28 años. “El arte es un profundo disfrute, no hay reflexión ni demasiado análisis, es puro corazón y panza. Como digo yo, es tripa. El arte no es una terapia, es un espacio de juego y de disfrute, claramente”, detalla con entusiasmo.

De la crisis y el caos a la armonía

Lo primero que pensé al entrar a su casa fue: ¿cómo tanta obra puede coexistir de manera armónica siendo cada una tan única? Podría ser un caos absoluto. Una crisis visual. Pero Mariela es experta en manejar situaciones complejas. Y ese expertise le permite armonizar lenguajes, personas y personalidades tanto en su trabajo como en su vida personal.

Mariela Ivanier: el arte de la abundancia

Gestionar crisis implica gestionar personas y empresas, con sus egos, miserias, complejidades y momentos de debilidad. “Es un trabajo muy demandante: tengo clientes que atraviesan situaciones complicadas y que requieren no solo de una mirada, sino de una segunda mirada y de una escucha. Las decisiones que uno toma tienen una implicancia muy fuerte en la vida del otro, en la vida de los demás, y eso me genera una enorme responsabilidad”, explica con claridad.

Lo diverso nutre y enriquece

También participé de uno de sus famosos Tés de colección. Allí entendí que Mariela logra con las personas lo mismo que hace con el arte en su casa: que la diversidad conviva y se enriquezca.

Le gusta tender puentes entre personas de distintos ámbitos. Abre sus puertas a conocidos, amigos y completos desconocidos, los presenta, les da un motivo y abre el diálogo. “Me encanta pensar que esas dos personas nunca se hubiesen conocido si este encuentro no ocurría. Y que a partir de ahí pueden hacer algo juntos: enamorarse, hacer negocios, hacerse amigos, volver a verse. Eso me da un enorme placer”, resume.

Y su profesión se vuelve vocacional en estos encuentros: “Con un agregado que te sumo y que para mí es un desafío: muchas veces concurre gente, voluntaria o voluntariamente, que tiene algún conflicto. A mí me gusta desafiarme a mí misma y saber que ese conflicto, gracias a mí o a no incomodarme cuando los recibo, se diluye”.

Aquello que antes era natural —que las personas se conozcan cara a cara y hablen mirándose a los ojos— hoy, con el mundo digital, parece haberse desprestigiado. Todo se traslada a lo virtual, incluso cuando la gente se reúne sólo para producir contenido, pero sin estar realmente presente.

El arte como disfrute y como acto de compartir

Además de disfrute, el arte es la melodía central en la vida de Mariela y siente la necesidad de compartirlo. De allí nacen sus eventos.

Té de colección comenzó hace quince años. “Hubo una conversación fundacional con mi hija Mora, que en ese momento tenía 10 años. Le expliqué que teníamos cosas muy lindas como para no compartirlas y ella estuvo de acuerdo. Yo quería invitar a gente para que las disfrute y, al mismo tiempo, enseñarle a mi hija a recibir. Eso se aprende en casa, no en un curso”, recuerda.

De ese ciclo nació un libro en coautoría con Gabriela Kogan y, durante la pandemia, el segundo: El arte está en casa, una compilación de 141 relatos de mujeres y su relación con el arte.

Otro proyecto es Arte en pequeño formato, una muestra anual organizada junto a Victoria Baeza, Santiago Arce y Mariana Gallegos de Los Santos. “Este año nos animamos a hacerlo en el Museo de Arquitectura. El pequeño formato es más accesible: alguien que nunca compró arte difícilmente arranque con un cuadro de dos metros por dos, pero sí puede animarse a uno de 30×20. Y lo logramos: en esta edición se vendieron cerca de 150 obras”, celebra.

Intensidad, pasión, abundancia

Todo es intenso en el mundo de Mariela Ivanier: el color, las palabras, el arte, los vínculos. Ella misma lo resume: “Soy abundante. Abundante en temas, en gente, en arte. Soy exagerada. Profundamente exagerada”.

Sin embargo, al preguntarle por sus pasiones principales, sorprende: “Mis dos grandes pasiones en este momento no están colgadas en ningún lugar: son mi hija Mora y mi compañero Santiago, un hombre bueno, que me costó muchos años encontrar”.

Definirse en una palabra

Cuando le consulto cómo le gustaría que la definieran, la abundante Mariela se queda en silencio por primera vez: “Mirá el silencio que provocaste. A mí me gustaría que me definieran como una buena persona”.

Recuerda entonces a su abuelo José, quien con solo séptimo grado se convirtió en un gran empresario en San Juan. “Hay una palabra en ídish que lo define: mensch. Significa buena persona, alguien trascendente, importante para su comunidad. Eso era mi abuelo y me gustaría heredarlo”.

Mariela Ivanier: el arte de la abundancia

La emoción la invade al evocar su muerte: “Cuando murió, en San Juan cerraron los comercios para acompañarlo. Yo tenía 16 años. Recuerdo al ciego que siempre vendía ballenitas en la puerta de su negocio; mi abuelo siempre le compraba. Cuando pasó el camión con su féretro, ese hombre gritó: ‘Adiós Don José’. Después no pude ver más. Como el ciego”, relata con lágrimas en los ojos.

Esos mismos ojos —curiosos y atentos, que me sorprendieron en nuestro primer encuentro— son ahora el telón final de una entrevista abundante en emociones.

La lluvia hizo brillar aún más a Gusmán en el BAFWeek

Ayer al mediodía, en el marco de BAFWeek el Museo Larreta se preparaba para recibir uno de los desfiles más esperados: la presentación de “Turucuto, de Tucumán al Mundo”, la nueva colección de Gusmán.

A las 13 horas, cuando los invitados empezaban a llegar con sus looks cuidadosamente elegidos, la lluvia sorprendió y puso a prueba la organización. El montaje estaba dispuesto en los jardines del museo, un escenario natural de árboles centenarios que, de pronto, se transformaron en improvisado refugio. No había plan B: sólo quedaba esperar.

Una  barra de Chandón y regalitos de Avon para los invitados eran el entretenimiento mientras se decidía qué hacer. Y como dicen que ‘La actitud es todo” se le puso el pecho al clima y se siguió adelante.

Lejos de arruinar la experiencia, el clima terminó por darle un aire único al evento. El público se acomodó bajo la copa de los árboles y, entre charlas, risas y paraguas abiertos, los invitados se hacían fotos mientras se reorganizaba el comienzo del evento.

El resultado fue casi poético. Con música en vivo de raíces bien nuestras, cercana al folclore, las modelos recorrieron los senderos del jardín luciendo las piezas de Turucuto. Predominaron las telas de algodón y algunos toques de seda, en siluetas fluidas y ligeras que parecían fundirse con la brisa y la lluvia. La paleta de colores viajó de los tonos pasteles a los crudos, grises y tierras, con el jean como aliado urbano y el negro como contrapunto elegante.

Hubo estampas de inspiración mediterránea, con líneas rojas o celestes, motivos de limones y remeras que resignifican palabras de raíz popular como changuita. El resultado transmitió una frescura rústica, con prendas sin accesorios que brillaron por sí mismas, donde lo artesanal y lo contemporáneo convivieron en equilibrio.

El nombre de la colección tampoco es casual. En Tucumán, “Turucuto” se refiere a la acción de llevar a un niño “a caballito” o “a cococho”. También ha sido utilizado en propuestas artísticas locales, como dúos musicales o espectáculos que mezclan folclore con paisajes urbanos. Gusmán retoma esa raíz popular y la proyecta hacia una mirada global, llevando la esencia tucumana “al mundo”.

Así, lo que comenzó como un desafío climático terminó en una postal memorable: moda, cultura y naturaleza conviviendo en perfecta armonía, con un público que vivió la experiencia entre brindis, conversaciones bajo los árboles y la emoción de ser parte de un desfile único.

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La consigna era clara en mi grupo de lectura “Las Ateneas”. Debíamos leer el libro Okasan de Mori Ponsowy y luego iríamos todas juntas a ver la obra al teatro Picadero protagonizada por Carola Reyna.

El libro

El libro tiene no más de 150 páginas. De lectura sencilla y delicada. La narradora viaja por primera vez a Japón para visitar a su único hijo, quien se ha ido a vivir a ese lejano país gracias a una beca de estudio.

El viaje no sólo es un recorrido hacia una cultura tan distinta y sorprendente como la japonesa de la que sabemos poco y deberíamos aprender mucho. Es un viaje interior de reconversión de una madre de niños a una madre de adultos. De reconección con uno mismo, con quien se es más allá de a quién se cría. Es además el descubrimiento de su propio hijo, ahora un adulto independiente que ha armado su vida en otro lugar, en otra dimensión.

Si estás en etapa de nido vacío o semi vació con hijos jóvenes aunque estén en tu casa es imposible no sentirse identificada. Si además te pasa como cada vez es más común que tienes un hijo viviendo en el exterior se te hace aún más carne la lectura.

El libro se puede comprar online en Mercado Libre y es un regalo ideal para cualquier madre en ese estadío.

El teatro

El programa era un «programón», 12 mujeres unidas por la pasión de la lectura y fascinadas por hacer programas que nos llenen el alma. El teatro Picadero al que al menos yo no iba hace décadas me sorprendió por su callecita peatonal y por su puesta en valor con ese edificio tan antiguo preservado y esa barra en el medio que invita a pasar desde que ingresas, un buen momento.

En el viaje de ida nos preguntábamos cómo sería la obra. Sin duda pensé que sería un monólogo, un unipersonal, no me lo imaginaba de otra forma.

Carola Reyna en el papel de la madre, sorprende sosteniendo una hora y media de obra, sola en el escenario con una gran capacidad artística. Con numerosos recursos que sólo una actriz de oficio puede aprovechar. Cada elemento, por sencillo que parezca, lo utiliza con maestría para darle ritmo y cambios de ritmo a la obra. Su voz, sus expresiones y su postura escénica nos permiten viajar, reír, emocionarnos y también llorar al compás del relato de Okasan.

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La yapa de esta noche. En la platea está su hijo que vive en España y que por primera vez viene a ver la obra. Ella saluda al público. Pega dos saltitos cual niña emocionada y baja a la platea a fundirse en un abrazo eterno con él.

La obra está en cartel todos los viernes y las entradas se pueden comprar en https://www.teatropicadero.com.ar/

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Para leer más notas de Lifestyle

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Por: Mercedes Cordeyro

@viaja2net 

El pasado viernes 15 de marzo en el restaurante Mustang Meat Market, Be Connection y la relacionista pública del lugar convocaron a 15 mujeres, entre las que tuve el gusto de estar, para debatir sobre la actividad que realizan en redes sociales.

“La idea es juntar influencers/micro-influencers de la  zona de Nordelta, mujeres con cuentas activas en redes, para charlar en el mes de la mujer, sobre hacia dónde vamos, cómo podemos aportar cada una desde lo suyo para que las redes sean más reales, genuinas, amables”, detallo Rosa Alamo..

Mientras disfrutamos de un rico almuerzo fuimos presentándonos y contando algunas cuestiones que sentimos, vivimos de cara a estar activos en redes sociales.

Una de las más activas y con más trayectoria en las redes sociales dentro de las que estábamos allí era Belu Moroni conocida por su Warmi Store y la feria que creo Warmichella. Dijo algo que fue sintético y claro: “Debemos evitar el  EGOsistema  para convertirnos en un ECOsistema”. 

Sin duda el Ego es un factor importante que entra en juego entre todos los que exponemos nuestras vidas, actividades o pensamientos en las redes sociales. Y cuando el ego se apodera de uno, se es menos uno y más lo que uno quiere reflejar y ahí entran a jugar los filtros, las puestas en escena de un mundo ideal, una casa perfecta, unos niños ideales y todo lo que mostramos parece inverosímil.

Poco a poco se pierde con ello credibilidad o se aleja al otro desde lo aspiracional.  Pues es casi imposible sentir empatía con tanta perfección. 

El otro punto clave que se resaltó es el logro del equilibrio entre la exposición en las redes y el entorno de afectos y familia. Es difícil a veces ser invitada a un restaurante y querer disfrutar en pareja y tener que frenar cada bocado para sacar la foto perfecta. 

O los hijos, en mi caso tengo hijos grandes y son tus más duros jueces: que si dijiste, que si estás horrible en la foto, que qué vergüenza lo que hiciste….Son parte de las cosas que te frenan y te enfrían las ganas de hacer más-

A veces pienso en las mamás influencers que exponen todo el tiempo a los niños…¿qué opinarán ellos cuando sean autónomos?.

También están los años, ser influencer, cubrir un evento, y ponerte los anteojos para escribir una historia…Uf!!! es duro!! Se va todo el glamour y se enfría el momento, pero bueno, es parte de las reglas del paso del tiempo.

Muchos se copan y quieren ser influencers porque reciben regalos e invitaciones. En mi caso fui bastante mimada, viajes increíbles, regalos super lindos y eventos especiales muy divertidos. Desde que empecé hasta la pandemia estaba a full. Una agenda intensa de viajes y actividades.

En mi caso la pandemia enfrió el juego, me conecté mucho con mi interior y pude frenar mucho acelere que tenía acumulado de décadas. 

Pero en los regalos y compromisos también está el lado B en donde te piden que hagas de todo por un paquete de galletitas o un detergente para lavar la ropa. Como si esto fuera un juego y no. Es tiempo. y el tiempo es lo que más vale. 

En mi caso, y muchos coincidieron, el tiempo es uno de los valores más grandes que tengo. Y si lo pierdo es lo único que no he de recuperar. Por ende elijo hacer sólo aquello que me hace feliz. 

Para cerrar dejo algunos de los puntos que resalto de esta conversación que salieron en la charla:

  • Generar comunidad con los seguidores, ver cómo se sienten relacionados a uno es gratificante.
  • Lo importante es conectar desde lo genuino, ya sea un saber, un compartir un hobby, enseñar o nutrir de compañía.
  • Estar siempre activos es cansador, es demasiado esfuerzo.
  • Se reciben pocos comentarios negativos, y a veces de ellos surgen grandes ideas.
  • Mucha exposición puede agotarse y uno necesita escaparse.
  • Estar es un medio para generar negocios.
  • Para que sea sostenible hay que disfrutar lo que uno hace.
  • Es importante el impacto que tiene la exposición de uno en los seres queridos: pareja e hijos, a veces por estar activos en las redes se resienten momentos familiares.
  • Muchas veces no todo lo que brilla es oro, a la hora de analizar si es económicamente viable, muchos perfiles son sólo un hobbie. 
  • Seguirle el ritmo a todas las novedades y redes sociales que aparecen es complejo.
  • Pagar para que te sigan está cuestionado. Pagar para hacer negocios es hoy inevitable,

Es un tema que da para muchas charlas y en mi caso que tengo muchos sombreros…el de Editora de Revista Locally, el de micro super micro influencer en @viaja2net, el de personalización de la marca en @delBAZAR y el de socia de agencia de estrategia de marketing digital en Way2net conozco muchas de las caras de esta moneda y sin duda no es sencillo ni ser, ni crear una marca, ni trabajar con los mejores influencers para una marca. 

Hoy siguen vigentes y son parte de el ecosistema digital, espero siempre que podamos aportar algo más que buenos momentos o buenos datos desde cada cosa que hacemos.

Alma inquieta que busca crear negocios

Emprender en primera persona

Alma inquieta que busca crear negocios

Por: @viaja2net

El pasado 16 de Abril fue el día del emprendedor y si hay algo que soy desde hace más de 15 años es una eterna emprendedora. Desde que dejé mi trabajo como Directora Comercial de Asatej, la agencia de viajes que hoy es Almundo.

A lo largo de este tiempo comencé desarrollando consultoría en estrategia de negocios para pymes. A raíz de eso me sumé a emprender en el mundo de la comunicación y así nació la Revista Locally que creció hasta tener su sitio de noticias online: http://www.locally.com.ar/ y generar eventos y acciones.

Luego junto a mi socio en todo, nació la agencia de marketing Digital Way2net , una idea que el fue gestando y a la que yo me acoplé y en donde hace más de 10 años acompañamos a las empresas (y algunos emprendedores)  a lograr un crecimiento sostenido en el mundo digital con desarrollo web, social marketing, estrategias de publicidad online etc.

Tanto estar conectada con e-commerce y ese tipo de negocios hizo que desarrollaramos algunas tiendas que están aún en beta como es el caso de https://www.delbazar.com/ y otros proyectos relacionados con temas de mi interés como es un sitio que tiene que ver con la sustentabilidad que está en gestación.

También más a título personal nacio este espacio https://www.viaja2.net/ en donde decidí unir mis pasiones: comunicar y vivir experiencias en el mundo. Porque como siempre digo: La vida es un viaje y así decido vivirla.

A título personal mis mayor emprendimientos ha sido mi familia sin duda y también hace 17  emprendo la vida de consumo orgánico con mi huerta que es mi gran hobbie. Pero esto es otro capítulo.

Parece estar muy de moda esto de emprender, y ni hablar de ser mujer emprendedora (es como qe tiene doble valor, ja, me hace reír). Han surgido en los últimos años, grupos de emprendedores, desayunos, almuerzos, te, festivales y más reuniones de emprendedurismo. 

También existen las organizaciones serias que ayudan a encauzar a los soñadores y sobre todo a financiar buenas ideas. Como endeavour, Naves etc.

Emprender como digo tiene un condimento fundamental: Hay que poner el alma, y la pasión al servicio de lo que se desarrolla. Pero ojo, porque eso sólo no basta. Ese camino puede quedar en un hobbie o en proyecto trunco y sólo existir más por ego y amor a la idea que como negocio.

El éxito sin duda no está asegurado y es por eso que hay que mirar los avances con plazos medianos porque el minuto a minuto puede ser desolador. Pero es importante hacer ciertos deberes para que el fracaso no sea una profecía autocumplida.

Porque claramente el condimento que debe tener un emprendedor es lograr transformar en un negocio rentable eso que comienza, esa idea que gesta. En todos estos años de experiencia hay algunas cosas que quedaron claras:

  • Primero hay que contar con una idea que pueda ser escalable
  • Se debe poner un enorme esfuerzo de tiempo, dedicación y manos a la obra para lograr avanzar del sueño a la realidad.
  • Hay que volverse orquesta y aprender de contabilidad, desarrollo de producto, management, comercialización, ventas, canales de distribución, publicidad, marketing, etc. al menos hasta escalar y poder ir delegando en cada experto cada tema. 
  • Si se requiere de inversión, buscar armar equipo, porque zapatero a su zapato, nada mejor que alguien experto para ocuparse de cada tema.
  • Conseguir un coach en estrategia que pueda acompañar en el paso a paso del desarrollo minimiza mucho la prueba y error y sobre todo, ayuda a tener con quién “pelotear ideas” porque como me pasa con muchos de mis clientes, al no ser la madre de la idea, puedo ser mucho más objetiva en el análisis de las propeustas en torno a ella.
  • Hay que igual, más allá de ser chiquito, pensar en grande y tomar nota del esfuerzo que se impone, qué se gasta, cuánto tiempo lleva, medir las cosas para que esa información permita luego el análisis y el desarrollo del negocio. Llevar una planilla de excel al menos es fundamental para no autoengañarnos. O lo que es peor, no llevarnos sorpresas desagradables de compromisos no cumplidos, deudas contraídas e impuestos impagos.
  • Emprender es medio un camino de ida, cuando uno logra dar los primeros pasos y encausar el barco puede ser muy gratificante.
  • En muchos aspectos, es un arma de doble filo porque primero que uno le pone tanta energía y dedicación que cuesta luego soltar ese hijo y hacer que escale ampliando el espectro y sumando manos a la obra. Y es ahí donde no se logra escalar. Porque a la larga, siempre se necesita equipo.
  • Uno de los principales factores del éxito de un emprendimiento es el esfuerzo, la dedicación y el foco bien puesto en lograr los pasos adecuados para llegar al éxito.

A mi sin duda me encanta emprender, porque como le puse al título soy un alma inquieta y apasionada, y me desbordan las cosas que me fascinan hacer, es mi mayor virtud y mi mayor desafío en pos de lograr el equilibrio. Aunque entre nosotros, no se si podría subsistir a tanto equilibrio. La montaña rusa de emprender es parte de la adrenalina que me mantiene viva y que recomiendo a quienes estén dispuesto a darlo todo.