A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega. Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40. El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo. De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia. Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia. Qué es un baño de sonido Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas. A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente. “No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega. Qué sucede en el cerebro y el cuerpo Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral. “Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala. Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración. Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral. “Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”. Una búsqueda que empezó hace más de 25 años La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal. Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente. “Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión. Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica. “Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega. Un spa para el sistema nervioso Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas. Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso. “Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica. El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma. “Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”. Una práctica que gana espacio en el mundo El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo. Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias. “No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega. Próxima experiencia La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires. Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos. Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital. “La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica. Una pausa necesaria Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto. El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo. Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega.

Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40.

El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo.

De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia.

Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia.

Qué es un baño de sonido

Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas.

A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega. Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40. El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo. De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia. Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia. Qué es un baño de sonido Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas. A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente. “No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega. Qué sucede en el cerebro y el cuerpo Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral. “Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala. Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración. Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral. “Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”. Una búsqueda que empezó hace más de 25 años La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal. Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente. “Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión. Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica. “Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega. Un spa para el sistema nervioso Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas. Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso. “Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica. El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma. “Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”. Una práctica que gana espacio en el mundo El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo. Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias. “No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega. Próxima experiencia La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires. Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos. Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital. “La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica. Una pausa necesaria Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto. El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo. Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega.

Qué sucede en el cerebro y el cuerpo

Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral.

Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala.

Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración.

Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral.

Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”.

Una búsqueda que empezó hace más de 25 años

La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal.

Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente.

Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda.

Ese hallazgo marcó un punto de inflexión.

Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica.

Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega.

Un spa para el sistema nervioso

Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas.

Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso.

Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica.

El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma.

Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”.

Una práctica que gana espacio en el mundo

El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo.

Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias.

No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega.

Próxima experiencia

La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires.

Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria

Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos.

Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital.

La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica.

Una pausa necesaria

Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto.

El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo.

Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

Altos del Arapey: Escapada de relax y termas all inclusive.

Altos del Arapey: Escapada de relax y temas all inclusive

Por: @viaja2net

A sólo 540 km de Buenos Aires, en un camino todo por autopista, cruzando por el paso de Concordia-Salto que une Argentina con Uruguay, es posible disfrutar de una escapada de relax y vivir así la redefinición del turismo de Termas.

Altos del Arapey es un hotel all inclusive ubicado en Uruguay que ofrece una propuesta ideal para desconectar y disfrutar. La propuesta está pensada para que pueda ser óptima tanto para una escapada en familia, una escapada entre amigos, un programa romántico o un momento de disfrute para aquellos que ya están en su década plateada.

Altos del Arapey: Escapada de relax y termas all inclusive.

Un complejo de edificios de 3 pisos y 156 habitaciones y suites que rodea numerosas piletas de aguas termales mantenidas de manera impecable y cada una de ellas con diferente temperatura que hace posible que en todo momento del año pueda vivirse la experiencia termal. Incluso para aquellos que temen pasar frío en épocas de bajas temperaturas la opción de una gran pileta cubierta in-out también está disponible.

Altos del Arapey ofrece 6 piscinas de agua termal, abiertas y comunicadas entre sí, un gran jacuzzi y un “wet bar”, ubicados en un jardín con vista a lagunas y al río Arapey. Una pileta de niños y 2 jacuzzis interiores. Durante el verano, el agua de una de las piscinas exteriores es enfriada para comodidad de los huéspedes.

La propuesta de Altos del Arapey cuenta con una agenda variada de actividades para aquellos más inquietos, que va desde torneos de juegos de mesa, actividades en el gimnasio, paseos a caballo, en jeep, caminatas, bicicleta y golf.

All Inclusive

La propuesta gastronómica del hotel se disfruta en el exclusivo sistema de “Todo Incluido”. Este régimen incluye todas las comidas y una enorme gama de bebidas durante toda la estadía. El desayuno es súper completo con frutas,fiambres, pastelería e islas de omelette, waffles o panqueques.

En el almuerzo y la cena hay una enorme variedad de platos y 4 islas en donde cada día se ofrecen propuestas diferentes en parrilla, pizza, pasta y pescados.

Altos del Arapey: Escapada de relax y termas all inclusive.

Entre comidas se encuentra siempre abierto el bar que además de cafetería, infusiones, licuados y tragos ofrece algunas minutas como tostados, snack de frutos secos y otras opciones.

A la tarde se prepara un buffet de pastelería y una máquina de popcorn es la estrella para los más chicos.

Ideal para combinar Golf y relax

Para los amantes del golf el hotel termal, cuenta con un campo de golf de 18 hoyos, diseñado por el Dr. Ernesto LLovet y que ocupa un área de 60 hectáreas. El campo cuenta además con un “Driving Range” y un “Putting Green” donde practicar con comodidad y un Club House de alto nivel, que permitirán a todos los que disfruten de este deporte gozar de excelentes momentos.

Kids club

Altos del Arapey ofrece un KIDS CLUB para que los padres puedan descansar mientras que los hijos juegan con otros niños con la supervisión de nuestro equipo de recreación.

Talleres de pintura, bailes, disfraces, maquillaje, Juegos de mesa, caminata, darle de comer a los peces y tortugas de la laguna, pesca, futbolito, carreras, son algunas de las actividades y entretenimientos que organiza nuestro personal calificado de acuerdo a las edades de nuestros huéspedes.

Kids Club Altos de Arapey

La calidez humana del equipo que está pendiente de los huéspedes también es destacable por su amabilidad y predisposición a toda hora.

Si querés ver una síntesis mirá este reel:
https://www.instagram.com/reel/CrEmGgHAOtc/

Para más info:
https://www.altosdelarapey.com/es/