L’Atelier Bistró: una joya francesa escondida en Zona Norte

En tiempos donde la gastronomía tiende a la fusión y a las reinterpretaciones, encontrar un espacio que respete con precisión y elegancia la tradición es, sin dudas, un hallazgo. Eso es exactamente lo que sucede en L’Atelier Bistró : un pequeño refugio de cocina francesa clásica, auténtica y sin concesiones.

L’Atelier Bistró: una joya francesa escondida en Zona Norte

Ubicado sobre Avenida del Libertador —en pleno Martinez—, este bistró pasa fácilmente desapercibido. Pero detrás de su perfil bajo se esconde una experiencia gastronómica de altísimo nivel. Con apenas unos 30 cubiertos, el espacio invita a una experiencia íntima, donde cada detalle está pensado para disfrutar sin apuro.

La noche que lo visitamos sumó un plus: jazz en vivo. La música, sutil y envolvente, terminó de construir una atmósfera que transporta directamente a un típico bistró parisino.

L’Atelier Bistró: una joya francesa escondida en Zona Norte

Notamos enseguida que muchos comensales eran habitué de la casa y se saludaban con el staff con cariño y cercanía. Eso ya nos dió el indicio que es un lugar al que dan ganas volver.

El lugar no ostenta decoración excesiva, todo lo contrario, lo clásico y sutil reina por allí.  Tonos blancos tanto en la mantelería como en las paredes, con fotografías en blanco y negro, y se complementa con elementos de madera, como los pisos, y una robusta escalera que conduce a la vinoteca y los baños. Acá los protagonistas son los platos. Nada necesita opacarlos.

Al frente de la cocina están Verónica Morello y Charlie Forbes, aunque esa noche fue Verónica quien nos recibió, ya que Charlie no se encontraba en el restaurante. Y hay un dato que sorprende tanto como la calidad de la propuesta:El bistró tiene ya 22 años. Sostener un restaurante con un enfoque tan clásico y fiel a la tradición francesa no es un detalle menor. La consistencia en la calidad, la renovación periódica del menú —sin perder sus platos insignia— y la calidez del servicio son, sin dudas, parte del secreto de su éxito.

La carta es amplia y tentadora. Pero por sugerencia de Verónica esa noche disfrutamos el menú degustación de cinco pasos con maridaje, una experiencia que confirma el nivel y la coherencia del lugar.

Un recorrido por el menú

El viaje comienza con un primer paso delicado y refrescante: ostras frescas con granita de manzana verde y vinagre de frambuesa, acompañadas por un Sauvignon Blanc de Turbio. Un inicio elegante y preciso.

El segundo paso es uno de los grandes clásicos de la casa: paté de foie de volaille con brioche y chutney de tomates. Intenso y perfectamente equilibrado, maridado con un rosé que realza cada bocado.

Luego llega el tercer paso, con agnolotti de trucha y manteca de hierbas, acompañado por un Pinot Noir que acompaña con sutileza.

El cuarto paso es la estrella: magret de pato con repollo braseado y especias, y un toque de curry rojo. Un plato profundo y técnico, acompañado por un Malbec a la altura.

El cierre es un quinto paso dulce: nougat glacé con salsa de frutos rojos y chocolate, junto a un espumante que equilibra y limpia el paladar.

Viajar con el paladar es posible, estuvimos en París por unas horas

Más allá de la calidad indiscutida de cada plato, lo que distingue a Bistró L’Atelier es la coherencia de su propuesta. No hay atajos ni concesiones: hay respeto por la técnica, por el producto y por la tradición.

El maridaje, además, merece un capítulo aparte. Incluso para quienes están habituados al mundo del vino, aparecen etiquetas interesantes y bien seleccionadas que elevan la experiencia.

En una escena gastronómica cada vez más amplia en Zona Norte, L’Atelier Bistró se posiciona como una verdadera joya. Un lugar para quienes valoran la técnica, el producto y la esencia de la cocina francesa clásica.

Importante: Conviene reservar con anticipación 

📍 Instagram: https://www.instagram.com/bistrolatelier/

Aquí dejo el menú para que vean todas las opciones: https://drive.google.com/file/d/16JZ7rO2wn3f9ry8iFJKXnY_dIUlmIhYo/view


Tero se consolida como una de esas propuestas que combinan cercanía, buena cocina y una experiencia integral pensada tanto para salir a comer como para celebrar. Su ubicación estratégica sobre ruta 27 a pasos del edificio de Eidico,  a minutos de Nordelta y con fácil acceso desde los principales barrios de la zona es un plus a la hora de elegirlo,

Más que un restaurante, es un lugar donde todo está diseñado para disfrutar: desde un almuerzo relajado o de trabajo, una salida a comer con amigos hasta un evento inolvidable.

Cocina con identidad: parrilla y espíritu mediterráneo

La propuesta gastronómica de Tero logra un equilibrio atractivo entre lo clásico y lo sofisticado. Por un lado, una sólida impronta de parrilla argentina, con carnes bien ejecutadas y platos abundantes. Por otro lado, una influencia mediterránea que suma frescura, variedad y un toque diferencial.

La carta recorre desde cortes premium y milanesas de ojo de bife hasta opciones como gambas al ajillo, pastas caseras o pescados, en una combinación que apunta a compartir y disfrutar sin rigideces.

El resultado: una experiencia gastronómica completa, donde la calidad, la presentación y la generosidad de los platos son protagonistas.

Un equipo con trayectoria y sello propio

Detrás de Tero hay un dato clave que explica mucho de su identidad: sus dueños son los mismos que estuvieron al frente de restaurantes reconocidos de la zona como Canta el Gallo, Zio Paco y Tutti a Tavola.

Esa experiencia se traduce en una propuesta consolidada, donde se nota el know how tanto en la cocina como en la atención.

Eventos: versatilidad y calidez en cada detalle

Uno de los grandes diferenciales de Tero es su capacidad para transformarse en el escenario ideal para eventos sociales y corporativos.

El espacio combina:

  • Un salón amplio, cálido y adaptable
  • Pista de baile equipada con acústica profesional
  • Jardín ideal para ceremonias o recepciones al aire libre
  • Capacidad para eventos de hasta 250 personas

La versatilidad es clave: casamientos, fiestas de 15, cumpleaños o encuentros corporativos encuentran acá un formato flexible que se adapta a cada necesidad.

Y si lo que buscas es un evento privado, te sorprendería ver la gran mesa en un salón apartado que puede albergar a 30 comensales y disfrutar de un momento exclusivo.

Catering protagonista: variado, abundante y gourmet

Si hay algo que se destaca especialmente en la experiencia Tero es su propuesta de catering.

Lejos de opciones estándar, el foco está en una gastronomía personalizada, con platos bien pensados, abundantes y de calidad gourmet, que elevan cualquier evento.

A esto se suma un punto clave para la dinámica de las celebraciones: sus dos grandes barras —una en el salón principal y otra en la pista— que agilizan el servicio y acompañan el ritmo del evento.

Atención que marca la diferencia

Más allá de la propuesta gastronómica y el espacio, hay un aspecto que aparece de forma constante: la calidez del equipo.

La atención cercana, amable y profesional es parte central de la experiencia. No es un detalle menor: es lo que termina de convertir una salida o un evento en algo memorable.

Un lugar para volver (y para celebrar)

Tero logra algo que no es tan común: ser al mismo tiempo un restaurante de calidad y un salón de eventos completo, sin resignar identidad en ninguno de los dos formatos.

Con una ubicación cómoda, una propuesta gastronómica sólida y un equipo que entiende la hospitalidad, se posiciona como una opción fuerte en la zona para quienes buscan comer bien… o celebrar en grande.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

Confieso que cuando recibí la invitación del laboratorio Vichy para participar del Ladies Fest no tenía del todo claro qué esperar. ¿Sería una fiesta para mujeres? ¿Un evento de belleza? ¿Un encuentro de bienestar? La curiosidad creció al ver el line-up: yoga, meditación con cuencos, talleres de maquillaje, charlas inspiradoras y distintas propuestas de desarrollo personal. Una grilla amplia, diversa, con muchas temáticas conviviendo en simultáneo.

Así llegamos al Hilton Pilar, donde finalmente entendimos de qué se trataba: una jornada pensada para regalarse tiempo, aprender algo nuevo y compartir con otras mujeres en un clima relajado y cercano.

Detrás de la idea, el desarrollo y la convocatoria estuvo la maquilladora Gaby Buk, quien desde temprano recibió personalmente a las asistentes. Uno de los detalles más llamativos fue verla saludar una por una a las mujeres que aguardaban para ingresar. Ese gesto simple marcó el tono de todo el encuentro: cercanía, contención y comunidad.

Belleza, bienestar y comunidad

Buk es maquilladora profesional, creadora de contenido de belleza y organizadora de experiencias dedicadas al bienestar femenino. Con una fuerte presencia en redes sociales, donde comparte tips de maquillaje, skincare y estilo de vida, se convirtió en una referente para mujeres que buscan potenciar su imagen de forma simple y cotidiana.

Formada también como psicóloga, combina su conocimiento sobre estética con una mirada más integral sobre el bienestar y la autoestima. A través de talleres, cursos de automaquillaje y eventos experienciales, promueve el concepto de la belleza como una herramienta de expresión personal y autoconocimiento.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“Para mí hay tres pilares fundamentales con mi comunidad: la autenticidad, la cercanía y la contención”, explicó Buk en diálogo con LOCALLY. “Intento mostrarme vulnerable, responder personalmente los mensajes y saludar a cada mujer que viene a los eventos”.

Un “Lollapalooza para mujeres”

La idea del Ladies Fest surgió con un objetivo claro: crear una experiencia con múltiples propuestas simultáneas, algo así como un “Lollapalooza para mujeres”, donde cada participante pudiera elegir entre distintas actividades a lo largo del día.

La agenda incluyó talleres de maquillaje, charlas inspiradoras, espacios de conversación y experiencias de bienestar. Entre ellas, el espacio de Vichy ofrecía clases de yoga y sesiones de meditación con cuencos, generando momentos de pausa y conexión en medio de la dinámica del evento.

A diferencia de otros encuentros más pequeños, como el Ladies Weekend —un formato más íntimo con alrededor de 70 mujeres— el Ladies Fest implicó un desafío logístico mayor.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“En el Weekend el grupo hace todo junto y es más fácil de coordinar. El Fest es distinto porque hay muchas propuestas al mismo tiempo”, explicó Buk. Aun así, la organizadora aseguró que la experiencia superó ampliamente las expectativas.

Un evento organizado con mucho esfuerzo personal

La organización del encuentro comenzó varios meses antes y, según contó Buk, implicó mucho trabajo personal y coordinación con distintas marcas y equipos.

Desde la compra de elementos de decoración hasta resolver imprevistos logísticos de último momento, gran parte de la producción se hizo prácticamente “a pulmón”. Incluso hubo momentos en los que la propia organizadora se ocupó de trasladar materiales y equipamiento necesarios para las actividades.

Ese espíritu artesanal también fue parte del encanto del evento: lejos de una producción impersonal, el Ladies Fest se sintió como un proyecto construido con dedicación y cercanía hacia su comunidad.

Maquillaje, autoestima y mujeres +40

Durante el evento también hubo espacio para hablar de belleza desde una mirada más profunda. Buk, cuyo público mayoritario está compuesto por mujeres mayores de 40 años, considera que el maquillaje está muy ligado a la autoestima.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“Muchas mujeres sienten que maquillarse demasiado puede hacerlas parecer más grandes. Por eso intento enseñar herramientas simples para el día a día, para que el maquillaje acompañe y no transforme”, explicó.

En esa misma línea, actualmente está lanzando a través de sus redes sociales su propia línea de maquillaje, que incluye correctores y una paleta pensada especialmente para las necesidades de la mujer argentina, con tonos más clásicos y naturales.

Un día para desconectar

Uno de los objetivos del evento fue crear un espacio relajado para las participantes. Por eso, todos los oradores recibieron una consigna clara: evitar temas que pudieran generar incomodidad y priorizar un clima de contención.

Ladies Fest: una jornada para inspirarse, aprender y encontrarse entre mujeres en el Hilton Pilar

“La idea era que las mujeres pudieran desconectarse por un día de la realidad y sentirse cómodas y acompañadas”, explicó Buk.

Cuando el sol empezó a caer sobre Pilar y el sunset marcó el cierre de la jornada, muchas coincidían en lo mismo: más que un evento, había sido una experiencia de encuentro.

En tiempos donde casi todo pasa por una pantalla, el Ladies Fest recordó algo simple pero poderoso: nada reemplaza el valor de mirarnos a los ojos, compartir una charla y sentirnos parte de una comunidad.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega. Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40. El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo. De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia. Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia. Qué es un baño de sonido Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas. A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente. “No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega. Qué sucede en el cerebro y el cuerpo Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral. “Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala. Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración. Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral. “Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”. Una búsqueda que empezó hace más de 25 años La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal. Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente. “Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión. Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica. “Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega. Un spa para el sistema nervioso Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas. Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso. “Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica. El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma. “Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”. Una práctica que gana espacio en el mundo El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo. Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias. “No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega. Próxima experiencia La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires. Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos. Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital. “La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica. Una pausa necesaria Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto. El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo. Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega.

Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40.

El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo.

De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia.

Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia.

Qué es un baño de sonido

Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas.

A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente.

A veces lo único que necesitamos es parar. Frenar el ruido mental, bajar el ritmo del cuerpo y regalarnos un momento para volver a nosotros mismos. Esa es, en esencia, la propuesta de los baños de sonido que guía la periodista especializada en bienestar Belén Ortega. Una vez más tuvimos la oportunidad de participar de una de sus experiencias. Y la sensación inicial es bastante universal: uno llega cargando el cansancio del cuerpo, el estrés del día a día, las preocupaciones, las tensiones acumuladas y hasta esos pequeños dolores articulares que aparecen con los años —sobre todo cuando ya se cruzó la barrera de los 40. El equipo de Ortega recibe a los participantes con el espacio cuidadosamente preparado para propiciar un momento de pausa: luces suaves, aromas sutiles y una disposición de alfombras y colchonetas que invitan, casi de inmediato, a bajar el ritmo. De a poco, al recostarse, el cuerpo empieza a aflojar tensiones. La respiración se vuelve más consciente y también aparecen los pensamientos que llegan después de un día intenso. Pero a medida que los primeros sonidos comienzan a expandirse por el ambiente, algo cambia. Las vibraciones de los cuencos y los distintos instrumentos empiezan a envolver el espacio y no queda mucho por hacer más que entregarse a la experiencia. Qué es un baño de sonido Un baño de sonido es una experiencia de meditación guiada a través de vibraciones producidas por instrumentos ancestrales como cuencos tibetanos, cuencos de cuarzo, gongs y campanas armónicas. A diferencia de una clase tradicional de meditación, aquí el cuerpo “recibe” el sonido. Las frecuencias no solo se escuchan: también se perciben físicamente. “No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega. Qué sucede en el cerebro y el cuerpo Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral. “Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala. Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración. Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral. “Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”. Una búsqueda que empezó hace más de 25 años La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal. Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente. “Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión. Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica. “Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega. Un spa para el sistema nervioso Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas. Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso. “Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica. El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma. “Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”. Una práctica que gana espacio en el mundo El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo. Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias. “No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega. Próxima experiencia La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires. Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos. Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital. “La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica. Una pausa necesaria Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto. El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo. Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

No se trata solo de escuchar música. El sonido trabaja sobre el sistema nervioso y permite que muchas personas alcancen un estado de calma que a veces no logran por sí solas”, explica Ortega.

Qué sucede en el cerebro y el cuerpo

Desde el punto de vista científico, la terapia de sonido se vincula con la forma en que ciertas frecuencias influyen en la actividad cerebral.

Científicamente el principio con el que trabajo es que ciertas frecuencias de sonido, medidas en Hertz (Hz), ayudan a ralentizar las ondas cerebrales. Favorecen la transición de ondas beta —asociadas al estrés, la hiperalerta y el pensamiento constante— hacia estados alfa y theta, que están vinculados con la relajación profunda, el foco interno, la creatividad y la recuperación del sistema nervioso”, señala.

Este cambio de estado favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable de los procesos de descanso y recuperación del organismo. Cuando se activa, el cuerpo reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la producción de cortisol —la hormona del estrés— y mejora la respiración.

Para Ortega, su método también dialoga con saberes ancestrales que comprenden al cuerpo de una forma integral.

Este enfoque dialoga con tradiciones que entienden que los pensamientos no solo están en la mente, sino que también se sienten en el cuerpo: en los músculos, en la postura, en la respiración”.

Una búsqueda que empezó hace más de 25 años

La historia detrás de este método comenzó como una búsqueda personal.

Durante más de dos décadas, mientras viajaba por el mundo entrevistando expertos en bienestar, Ortega buscaba también herramientas que la ayudaran a calmar su propia mente.

Buscaba técnicas que me ayudaran a bajar el ruido mental. Y solo lo encontré en el sonido durante un viaje a la selva maya”, recuerda.

Ese hallazgo marcó un punto de inflexión.

Desde entonces se formó en el exterior e investiga de manera permanente instrumentos, frecuencias y paisajes sonoros que influyen en el cerebro. Parte de su formación se desarrolló en Italia, España y comunidades mayas, donde profundizó en una tradición que entiende al cuerpo como un sistema de memoria fisiológica.

Es por eso que el sonido no solo busca relajar, sino modificar estados”, agrega.

Un spa para el sistema nervioso

Cada experiencia está pensada como un espacio donde el ruido mental disminuye y el cuerpo puede liberar tensiones acumuladas.

Ortega trabaja con más de 50 instrumentos ancestrales, combinando frecuencias que actúan directamente sobre el sistema nervioso.

Cada instrumento tiene un efecto diferente sobre el cuerpo y las emociones”, explica.

El objetivo final de estas experiencias es que los sonidos externos ayuden a reconectar con los sonidos internos: primero la respiración, luego los latidos del corazón y finalmente las palabras que cada persona se dice a sí misma.

Eso que nos decimos sin que nadie más escuche también es sonido y puede ser reparador o cargarnos de ansiedad”.

Una práctica que gana espacio en el mundo

El interés por el poder del sonido como herramienta de bienestar está creciendo en todo el mundo.

Plataformas de streaming, aplicaciones de meditación y experiencias de spa comenzaron a incorporar paisajes sonoros y sesiones de relajación basadas en frecuencias.

No se trata de calmar la mente para reprimir pensamientos, sino de aprender a ser guardianes de nuestros propios pensamientos”, reflexiona Ortega.

Próxima experiencia

La próxima experiencia presencial guiada por Belén Ortega se realizará el sábado 14 de marzo a las 18:30 en el Hotel Casa Lucía, en la ciudad de Buenos Aires.

Una membresía para llevar el sonido a la vida diaria

Además de los encuentros presenciales, Ortega desarrolló una membresía online donde cada semana comparte sesiones de baños de sonido de 45 minutos.

Las experiencias pueden realizarse en vivo los domingos a las 20 o accederse luego desde una biblioteca digital.

La idea es que las personas puedan usar el sonido cuando más lo necesitan: antes de dormir, al comenzar la mañana o incluso a mitad del día para recuperar energía”, explica.

Una pausa necesaria

Al terminar la sesión, el silencio se siente distinto.

El cuerpo está más liviano, la respiración más profunda y la mente, por un momento, parece haber encontrado un nuevo ritmo.

Tal vez ahí esté el verdadero sentido de la experiencia: recordar que, en medio del ruido constante del mundo, también existe la posibilidad de detenerse, escuchar y volver a encontrar calma.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

Este verano, el Bioparque Temaikèn suma una nueva propuesta pensada para toda la familia que combina tecnología, educación y conciencia ambiental. Se trata de “Planeta Vida”, una experiencia inmersiva que invita a grandes y chicos a conocer el planeta, entender su fragilidad y reflexionar sobre la importancia de cuidarlo.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

Fuimos invitados a participar del evento de lanzamiento de esta nueva atracción, una instancia especialmente pensada para presentar el recorrido y su mensaje central. Al llegar, fuimos recibidos por los “capitanes” de la nave, quienes nos guiaron durante toda la experiencia y nos invitaron a embarcarnos en un viaje sensorial por la Tierra, con un objetivo claro: tomar conciencia del rol que cada uno puede cumplir en la protección del medio ambiente.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

La propuesta fue desarrollada con tecnología de última generación y plantea un recorrido inmersivo a bordo de un transbordador que permite “viajar” por distintos ecosistemas del planeta. A lo largo del trayecto, se pone el foco en la biodiversidad, el delicado equilibrio natural y las consecuencias que tienen las acciones humanas sobre el entorno. Lejos de ser solo una experiencia visual, “Planeta Vida” busca generar emoción, reflexión y compromiso.

Uno de los ejes centrales del recorrido es invitar a los visitantes a sumarse como guardianes del planeta, entendiendo que pequeñas acciones cotidianas pueden generar un impacto positivo en el cuidado de la fauna, la flora y los ecosistemas.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

“Planeta Vida” puede experimentarse visitando el Bioparque todos los días de 10 a 19 horas durante el verano, y se presenta como una excelente opción cercana para los vecinos de Nordelta, Tigre y zonas aledañas, ideal para disfrutar en familia durante las vacaciones.

Esta nueva experiencia se suma a las múltiples actividades educativas y recreativas que la Fundación Temaikèn impulsa desde hace más de 25 años, con el objetivo de reconectar a las personas con la naturaleza y promover el cuidado de la fauna y flora autóctonas.

“Planeta Vida”, la nueva experiencia inmersiva de Temaikèn que invita a convertirse en guardianes del planeta

Además, visitar el Bioparque no solo implica una propuesta recreativa, sino también un compromiso: cada entrada contribuye a los programas de conservación, rescate de animales y protección de ecosistemas que la fundación desarrolla en distintos puntos del país.

Una experiencia para disfrutar, aprender y, sobre todo, salir con una mirada renovada sobre el planeta que habitamos. 🌱✨

Siempre tuve la idea de hacer un crucero, al menos una vez, y decidí que era la opción ideal para invitar a todos mi marido e hijos a festejar mis 50.  Una buena forma de tenerlos a todos juntos sin escapatoria, ¡ja! El plus, hacerlo en año nuevo y ver los fuegos de Río desde el mar.

Crucero: ¿sí o no? Río de Janeiro en Año Nuevo

El viaje: Río de Janeiro + Año Nuevo en altamar

El itinerario combinó días de navegación con escalas en destinos como Montevideo, Camboriú, Angra Do Reis e Ilhabela.  El clímax del viaje fue recibir el Año Nuevo a bordo, una experiencia distinta a la de cualquier ciudad: festejo en cubierta, el mejor show de fuegos artificiales, música, cena especial, fiesta de blanco a bordo y todo para disfrutar.

La contra de esta fecha es que bajas en Río de Janeiro el 1 de año por ende está todo cerrado menos los sitios turísticos clave. También está todo sucio luego de los festejos en la playa en Copacabana, pero como somos un grupo positivo, recorrimos igual, hicimos playa y disfrutamos de cada hora.

Pros y contras del crucero

No deja de sorprenderme ver esa ciudad inmensa flotando en medio de la nada. Es realmente milagroso y se siente la presencia combinada de la mano del hombre y su ingeniería, con la mano de dios y su grandeza. 

Debo reconocer que mi faceta sociológica para mirar el mundo hizo que me encontrase muchas veces pensando que estaba viviendo en el monumento a los 7 pecados capitales donde la gula y la pereza se llevan todos los premios.

Los puntos a favor del crucero

Sin duda Costo beneficio es una gran opción. Si uno compara lo que obtiene en el crucero, con todo contratado por separado (aéreo, traslados, all inclusive, shows, etc.) sería mucho más caro lograr pagarlo a igualdad de servicios.


Pero acá les dejo un listado de algunos Pro y contras que me resultaron clave:

✔️ Comodidad total: valija única, habitación fija y todo organizado.

✔️ Todo incluido: comidas de excelente calidad, shows variados e increibles artistas, actividades y entretenimiento durante todo el día.

✔️ Ideal para grupos y familias: cada uno puede hacer su plan sin complicaciones. Hay para todas las edades

✔️ Ideal para  gente más 70 y para gente con capacidades reducidas. Sin duda una gran opción que tendré en cuenta cuando llegue a esa edad. 

✔️ Varios destinos en un solo viaje: sin aeropuertos, traslados, movilización de equipaje ni cambios de hotel.

Los puntos en contra (no menores)

Poco tiempo en cada destino: no es el viaje ideal para quienes aman explorar sin reloj. Porque si te perdes la lancha de vuelta al crucero es un temón. Pero si te organizas es suficiente. Hay lugares que estás 6hs y otros 8 o 10.

Mucha gente en temporada alta: Año Nuevo implica barco lleno y espacios compartidos muy concurridos. Pero también, sobre todo si aprovechas la mañana podés lograr hacer una rutina un poco alejada de tanta gente y movimiento.

Ojo con los NO INCLUIDO: wifi, excursiones, bebidas especiales y algunos servicios no siempre están incluidos y la verdad es que te quieren vender todo el tiempo un plus de algo. Nosotros hicimos las excursiones por nuestra cuenta incluso en Rio y todo salió perfecto y mucho más económico. 

Movimiento del barco: no todos lo toleran igual, especialmente los primeros días. A mi me resultó super agradable. Salvo 2 días que tocó mucho movimiento y costó dormir. Pero por suerte no fuimos de los mareados. 

Algunos consejos: 

  • Hace un esfuerzo y saca la cabina con balcón.
  • De todos los extras que te quieren vender el paquete de bebidas todo el día vale la pena (no hace falta el mejor salvo que seas muy exquisito. Con el que te da alcohol todo el día está ok).
  • Si son varios la habitación 3 o cuádruple es generosa, se puede pasar los diez días sin problema. Nosotros fuimos la menor de 16 con nosotros y los 4 grandes de 21 a 28 en otra cabina.
  • Si no te gusta el tumulto de gente levántate temprano, disfruta de las cubiertas en ese horario sobre todo y luego almuerzo, siesta y a pasar la tarde en algún bar tranquilo de los interiores o en tu propio balcón.  

¿Crucero sí o crucero no?

La respuesta corta: sí, al menos una vez. Y definitivamente sí, si sos +70. 

El crucero no reemplaza un viaje clásico ni es la mejor opción para quienes buscan conocer en profundidad cada lugar. Pero sí funciona muy bien para descansar, desconectarse, viajar sin logística y vivir experiencias diferentes, como recibir el Año Nuevo navegando.

Como casi todo en turismo, no es blanco o negro: depende del momento, del tipo de viajero y de las expectativas.

Un debate que suma cada vez más adeptos

En redes sociales, el tema genera opiniones divididas: fanáticos del crucero versus amantes del viaje independiente. Y eso explica por qué esta forma de viajar sigue creciendo, especialmente entre quienes priorizan comodidad, experiencias diferentes y viajes sin demasiada logística.

El Hotel InterContinental Buenos Aires presentó su propuesta para recibir el Año Nuevo y desde Viaja2net estuvimos ahí para conocer —y degustar— de manera anticipada lo que será el menú festivo del 31.

La experiencia tuvo un plus: se realizó en un escenario que ya es noticia en toda la región. El hotel y Bodega Gamboa acaban de abrir al público el primer viñedo urbano de Latinoamérica, un espacio innovador y totalmente único, ubicado a solo 400 metros de Plaza de Mayo.

Un oasis enológico en pleno microcentro

Con más de 150 plantas de Malbec, Torrontés y Pinot Noir, el viñedo urbano se integra al paisaje porteño como una propuesta distinta que une gastronomía, cultura y hospitalidad.

El lugar puede visitarse de lunes a viernes, de 6 a 18, desde la calle interna del hotel, sin necesidad de ingresar al edificio principal. Un nuevo paseo para quienes trabajan, viven o disfrutan de la Ciudad.

Además de funcionar como atractivo cultural, el espacio ya está preparado para recibir eventos privados, sociales y corporativos, con una ambientación que sorprende a cualquiera que entra por primera vez: parras, luces cálidas, mesas de madera y un paisaje que parece sacado de una estancia… pero a pasos del Obelisco.

Experiencias que ofrece el nuevo viñedo urbano

El equipo del InterContinental y Bodega Gamboa desarrolló una serie de propuestas especialmente diseñadas para vivir la gastronomía argentina entre viñas:

  • Cena en el Viñedo: tres pasos bajo las parras, con maridaje de vinos seleccionados.

  • Cocktail de pie: bocados fríos y calientes con productos de estación.

  • Mesa Campestre: quesos regionales, frutas, fiambres pampeanos, panes artesanales y encurtidos, ideal para eventos informales.

  • Rincón de cocina típica argentina: humita cremosa, empanadas, molleja a la brasa con emulsión de coliflor quemado y más hits de la cocina local.

  • Menú de fuego: costillar, ojo de bife, chorizo, mollejas, provoleta y vegetales al rescoldo, todo preparado en el asador criollo del hotel.

Los huéspedes también tendrán degustaciones exclusivas, pensadas para conectar a los turistas con el vino argentino y la cultura porteña.

La degustación del menú de Año Nuevo

En este entorno único, fuimos invitados a descubrir antes que nadie la propuesta gastronómica que el hotel servirá en la celebración del 31 de diciembre.

Allí probamos parte del menú de fiestas: barra de sushi, platos fríos y calientes, estaciones gourmet, opciones vegetarianas, cortes argentinos y una mesa dulce a la altura del cierre del año.

Entre las viñas urbanas —sí, viñas en pleno microcentro— la experiencia se sintió distinta: un adelanto de lo que será una noche donde la gastronomía, la ambientación y el brindis se combinan para despedir el 2025 con estilo.

Buenos Aires, pionera en la tendencia mundial de los viñedos urbanos

Con esta inauguración, Bodega Gamboa e InterContinental Buenos Aires posicionan a la ciudad entre las capitales que suman viñedos urbanos a su oferta cultural y turística, al nivel de experiencias ya instaladas en Londres, París o Nueva York, pero por primera vez en América Latina.

El destino caprichoso quiso que Billy Waller se fuera demasiado pronto, apenas superados los 50, dejando más de 400 obras en su taller: huérfanas, silenciosas, desconocidas para muchos. Una responsabilidad inmensa, sobre todo para su familia. No era una herencia sencilla. Billy había mostrado su obra en contadas ocasiones; el resto vivía puertas adentro, protegido como un secreto, como un mundo íntimo que él habitaba para resistir, sanar y comprenderse.

Prolífero, inquieto, indómito, hizo del arte su guarida y su manera de darle forma a lo que le ardía en el alma. Y cuando partió, intempestivamente, su mujer y sus dos hijos tuvieron que tallar un nuevo destino sobre ese vacío.

Perder a un ser querido es doloroso; perder a un padre es indescriptible. Y tener apenas veinte años vuelve todo aún más complejo. Hizo falta una década para que María, su hija mayor, pudiera volver a mirar de frente esa obra detenida en el tiempo, dormida en un altillo y cargada de emociones que todavía no encontraba cómo nombrar.

No fue un camino lineal. Fueron diez años de juntar señales, hilvanar migajas de memoria, decodificar emociones y consensuar entre tres qué hacer con una herencia tan íntima como abrumadora. María tuvo que alejarse para poder acercarse de otro modo; tuvo que soñar, llorar, dudar y volver a empezar.

Como si un hilo invisible guiara sus pasos, fue encontrando el modo. Así nació el Espacio de Arte Billy Waller. En Villa Pueyrredón, un viejo taller mecánico fue transformado (y transformando a quienes lo habitaban) hasta convertirse en un proyecto que comenzó como intuición y terminó revelándose como destino.

En 2024, María decidió convertir esa intuición en obra concreta. Trabajó un año entero aprendiendo, restaurando, investigando y catalogando cada pieza. Tuvo que abrir una por una las obras, dialogar con ellas, reconocer a un padre quizá desconocido, entenderlo desde otro lugar. A veces, incluso, tuvo que dejar de ser hija para avanzar entre lienzos de una intensidad conmovedora. Pero, como el amor después del amor toma otro sentido, María logró darle sentido al arte después del artista.

“El Galpón”, como llaman íntimamente al espacio, promete convertirse en un punto de referencia en un barrio porteño que vive una transformación silenciosa. Quizás no solo renazca la obra de Waller: tal vez también esté gestándose un nuevo polo artístico y cultural capaz de acercar el arte —y sus movimientos— a más vecinos.

La inauguración del Espacio de Arte Billy Waller

Ese proceso íntimo, arduo y luminoso desemboca ahora en una noticia que marca un antes y un después: la inauguración formal del Espacio de Arte Billy Waller, un lugar dedicado a la puesta en valor, preservación y difusión de su obra.

El proyecto tuvo una antesala en la muestra íntima “La trastienda”, donde, a principios de noviembre, se presentó el detrás de escena de todo el trabajo que María, su familia y colaboradores llevaron adelante: un meticuloso proceso de conservación, restauración, investigación y catalogación de su producción.

“Hubo ruido y su forma aterrizó acá”

Ese recorrido culmina con la apertura de la exposición “Hubo ruido y su forma aterrizó acá”, una selección representativa y profundamente reveladora de su obra.

La exhibición retrospectiva fue diseñada gracias a la curaduría de María Waller y Lucía Ramundo. Su inauguración será el sábado 29 de noviembre y podrá visitarse hasta el 15 de marzo.

Dentro de la pintura de caballete, Waller encontró un ejercicio vital donde traducía en materia su vínculo con el entorno y con sus emociones. Lo que a primera vista podría parecer puramente abstracto se vuelve gesto, intensidad, forma viva. En su obra, lo sensible y lo técnico se entrelazan sin jerarquías. Su producción, vasta, rebelde y profundamente personal, recorre universos singulares que no se parecen a nada más que a sí mismos.

El riguroso proceso de investigación permitió identificar continuidades, rupturas y exploraciones que revelan a un artista sólido, libre y sorprendentemente heterogéneo, siempre comprometido con la experimentación. Fiel a esa búsqueda autónoma y sincera, el espacio abre sus puertas con el deseo de generar un diálogo entre su obra y el presente, convocando también a artistas y producciones contemporáneas que puedan resonar con ella.

Sobre Billy Waller

Billy Waller nació en Buenos Aires en 1964. Tras finalizar sus estudios secundarios ingresó al Centro de Artes Visuales, donde se formó en dibujo, pintura, escultura y grabado. Allí asistió al taller de Noé Nojechowicz, espacio en el que exploró el surrealismo y produjo una serie destacada de su obra.

En 1988 continuó su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, donde fue alumno de Jorge Demirgian. Ese mismo año, junto a un grupo de artistas, formó el taller 2/17 en San Telmo, bajo la supervisión de José María Cáceres.

Desde entonces, su obra osciló entre dos lenguajes: la abstracción como vehículo de fuerza expresiva y la figuración como anclaje de lo humano dentro de esas tensiones.

Hacia 1990 instaló su propio taller, que mantuvo durante más de quince años. Aunque incursionó en la escultura, fue a partir de 2008 cuando retomó esa práctica de manera sistemática, trabajando junto a Alberto Delponti y, luego, en mármol con Beatriz Sotto García. En 2006 participó de la exposición colectiva Soho Telo Muestra, junto a artistas como Nicola Constantino, Florencia Rodríguez y Alberto Pasolini, entre otros.

A lo largo de su trayectoria, Waller expuso en espacios como el Centro Alfredo Fortabat, la Fundación Banco Patricios, el Centro de Arte Contemporáneo de las Naciones Unidas, el Salón de Otoño, el Espacio Giesso y la Biblioteca Ameghino. Obtuvo el primer premio en dibujo de la Fundación ARCHE, así como el primer premio en pintura en las Naciones Unidas y el Museo Víctor Roverano. El Salón de Otoño también le otorgó el segundo premio en pintura.

A partir de 1995 se alejó del circuito expositivo para dedicarse de lleno a la producción y a la enseñanza de dibujo y pintura en su taller. Su obra, extensa y prolífica, sigue revelando piezas que aparecen ocasionalmente en manos de amigos o antiguos alumnos.

En sus últimos años expuso en En contraste y en la feria BADA (Pilar, Buenos Aires). Tras su fallecimiento, en 2015, su familia organizó dos muestras homenaje, y el Museo Benito Quinquela Martín presentó una retrospectiva bajo la curaduría de Yamila Valeiras. Una de sus obras forma parte de la colección del Museo.

Información

Instagram: @artebillywaller
Visitas: con cita previa — +54 11 5976 7311
Mail: artebillywaller@gmail.com
Entrada: libre y gratuita
Dirección: Espacio de Arte Billy Waller — Cochrane 3140, Villa Pueyrredón, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

MANUEL DE FRANCESCO: El escultor que celebra la vida entre arcillas, silencios y hombres-niños

En una calle tranquila de Villa Crespo, detrás de una fachada anónima de puerta roja, se esconde un universo donde el tiempo parece detenerse. Es el taller de Manuel De Francesco, artista plástico, escultor, docente, y sobre todo, un hombre de una serenidad que se contagia. Visitamos su espacio y compartimos una mañana entre sus obras, testigos mudos de su búsqueda constante.

MANUEL DE FRANCESCO: El escultor que celebra la vida entre arcillas, silencios y hombres-niños

Hay algo en él que desarma. Su tono pausado, su humildad, su forma de mirar cada una de sus esculturas como si las estuviera viendo por primera vez. “En general me gusta estar solo y trabajo solo —dice mientras camina entre figuras de cemento y arcilla—. Pero hay momentos en que estoy un poco desbordado… como verás, nunca hay tantas obras. Ahora justo estás viendo cuatro grandotas, y eso ya es lo máximo que puedo hacer acá adentro. Más grandes no salen.”

Cada rincón del taller tiene huellas de proceso: yeso, arcilla, bocetos, herramientas, polvo, silencio. “Cuando las hago más grandes tengo que ir a otros talleres. Estas, por ejemplo, son de cemento hueco. A veces necesito ayuda para manipularlas”, cuenta con naturalidad, como si hablara de algo cotidiano.

De La Rioja a las formas del cuerpo

Manuel nació en La Rioja, hijo de una maestra española y un herrero italiano. “Mi mamá era maestra, mi viejo herrero, y en casa siempre había arte. Mi mamá me impulsaba mucho, me regalaba libritos, me llevaba a estudiar dibujo. Creo que desde chica descubrió que tenía cierta inclinación.”

Creció en una familia numerosa: nueve hermanos. “El más grande soy yo, y el único que se dedicó al arte como profesión. Pero tengo hermanos que son herreros, medio artísticos también. En casa la manualidad estaba presente.”

De chico ya mostraba facilidad para lo tridimensional. “Me encanta la pintura, pero tengo una relación malísima con el color y la línea. Siempre me resultó natural modelar. Me das un papel y un lápiz y me siento inútil. Pero con el volumen, con la arcilla, todo fluye.”

Cuando estudiaba en la Escuela Prilidiano Pueyrredón —hoy Universidad Nacional de las Artes (UNA)—, un profesor le dijo algo que nunca olvidó: “Todo es dibujar. Bailar es dibujar. Tallar es dibujar.”
“Entonces yo me llevaba un cubo de yeso a la clase de dibujo y lo tallaba. Era mi manera de dibujar”, recuerda riéndose.

A los nueve años su familia se mudó a Córdoba, donde pasó buena parte de su vida y donde sigue volviendo siempre. “Estoy mucho en las sierras, en un pueblito que se llama Villa Sardina, en Punilla. Es un lugar donde me reencuentro conmigo. Tiene algo de esa paz que necesito.”

La síntesis y el movimiento

Terminó la carrera en el año 2000. “Empecé a investigar por mi cuenta, sin saber muy bien de qué manera me iba a meter en esto. Quería que el arte fuera mi profesión. Y lo logré… te juro que fue un milagro. Jamás pensé que iba a vivir de esto.”

En sus primeros años como escultor trabajó mucho la talla en piedra y madera, un aprendizaje que lo obligó a “sacar para que aparezca la forma”.
“Eso me llevó a sintetizar, a geometrizar, a eliminar detalles. Mis primeras esculturas eran casi tótems, muy geométricas, con la figura humana apenas insinuada.”

Pero cuando volvió a la arcilla, su lenguaje cambió. “Mantuve la síntesis y la geometría, pero le sumé movimiento. Rompí el esquema ortogonal y me fui hacia lo que yo quería hacer: la expresión del cuerpo. Más que nada, eso: la emoción del cuerpo.”

De esa exploración surgió “Hombres Niños”, su serie más emblemática. “El personaje no tiene nombre. Es un proyecto que llamé así porque Ana María Campoy, a quien conocí y quise mucho, decía ‘son hombres-niños’. Tienen algo indefinido en la edad, un candor… no sé si fragilidad, pero sí…una ternura. Desde entonces, el 90% de mi obra pasa por esa imagen: el mismo personaje que va mutando y cambiando.”

Cada uno de esos personajes tiene su momento. “Hubo tandas de producción, épocas de efervescencia. Después me dedico a buscar variantes dentro de lo mismo. Ahora estoy en una etapa de cambiar la escala de las obras: agrandarlas, llevarlas a otras dimensiones. Algunas las modifico digitalmente, con la ayuda de alguien que traduce mis manos en la pantalla. Es algo nuevo para mí, pero sigue siendo mi obra.”

Vivir del arte

Hoy Manuel puede decir que vive de lo que ama. Pero el camino no fue inmediato.
“Después de la carrera pasé años medio perdido, sin saber cómo insertarme. En 2005 llevé unas piezas a un local en Recoleta que vendía solo arte. Fui con timidez, casi pidiendo disculpas. Me pidieron obras grandes, y justo era una época en que se vendía mucho afuera, por el turismo y el dólar. Eso me abrió puertas. A partir de ahí conecté con galerías, especialmente en Uruguay.”

Desde entonces, su obra recorrió el mundo: Portugal, España, Suiza, Uruguay. “En Montreux hice una exposición preciosa. También participé en ferias colectivas. Y vendí desde acá para lugares rarísimos. Ya ni sé dónde están algunas esculturas. Tendría que hacer un mapamundi y marcar dónde viven mis obras.”

MANUEL DE FRANCESCO: El escultor que celebra la vida entre arcillas, silencios y hombres-niños

Pero su vínculo con el público va más allá de lo comercial. “Las exposiciones para mí son celebraciones. La mayoría de los artistas expone para vender. Yo si vendo, buenísimo. Pero lo hago para compartir, para celebrar. Me divierte mostrar algo nuevo, una idea, un rumbo.”

Las redes sociales también se convirtieron en aliadas. “Han ayudado mucho. Hoy tengo un ritmo de ventas sostenido. Pero lo importante sigue siendo crear, disfrutar el proceso.”

El arte como espacio vital

Además de artista, Manuel es docente en la Universidad Nacional de las Artes. “Tengo muchos alumnos por cuatrimestre. Y lo lindo es que no todos buscan vivir del arte. Algunos escriben, otros se van hacia la curaduría o la historia del arte. Es un universo enorme.”

Su forma de enseñar tiene el mismo tono con el que habla: tranquilo, empático, paciente. “Hay algo de mi mamá maestra, creo. Ella me transmitió esa vocación de acompañar.”

Manuel transmite una serenidad profunda. Estar a su lado se siente como bajar un cambio. Hay una coherencia entre su modo de ser y su obra: simpleza, calma, humanidad. El lujo de la sencillez 

La celebración de lo nuevo

El 28 de noviembre, Manuel presentará una nueva muestra en una galería de arte de Buenos Aires. Una cita que espera con entusiasmo, más como un reencuentro que como un evento.
“Me gusta conocer gente, me divierte. Y esta muestra es eso: una excusa para reunirnos, para celebrar. A veces las ideas nuevas son apenas una intención, pero compartirlas siempre vale la pena.”

Su taller, lleno de cuerpos suspendidos, gestos quietos y miradas suaves, parece un espejo de su mundo interior. En cada escultura hay algo de él, algo de ese hombre que aprendió a dibujar en el aire, a darle forma al silencio y a celebrar la vida a través del arte.

Trekking en los Glaciares: la experiencia de Hielo y Aventura

En el corazón de la Patagonia, a 80 kilómetros de El Calafate, se encuentra una de las joyas naturales más imponentes del planeta: el Glaciar Perito Moreno. Sus hielos de un azul intenso, sus desprendimientos estruendosos y su accesibilidad única lo convierten en una de las maravillas más visitadas y admiradas del mundo.

Quienes han hecho posible que miles de viajeros de todo el planeta puedan acercarse de manera segura a esta maravilla son los pioneros de Hielo y Aventura, una empresa argentina que desde 1989 se dedica a ofrecer experiencias de trekking y navegación en el Parque Nacional Los Glaciares. Lo que comenzó como un proyecto entre amigos apasionados por la montaña, se transformó en la compañía líder en caminatas sobre hielo a nivel mundial.

El nacimiento de un clásico: el Minitrekking

La gran innovación de Hielo y Aventura fue crear una experiencia pensada para el público general, sin necesidad de contar con conocimientos de montañismo. Así nació el Minitrekking, una caminata guiada con crampones sobre el glaciar que permite descubrir formaciones de hielo, grietas y cuevas con total seguridad. Con los años, la propuesta se diversificó con variantes más desafiantes y opciones para todos los perfiles.

Trekking en los Glaciares: la experiencia de Hielo y Aventura

Experiencias para cada viajero

Hoy, la empresa ofrece un abanico de excursiones que combinan aventura, naturaleza y emoción:

  • Minitrekking: la excursión clásica, accesible y cautivante.
  • Minitrekking 2: una versión más dinámica, con doble recorrido.
  • Big Ice: siete horas de exploración total, con más de tres horas sobre el glaciar, pensada para exploradores exigentes.
  • Safari Náutico: navegación frente a la imponente cara sur del glaciar, disponible todo el año.
  • Safari Azul: caminata de baja dificultad que permite acercarse al hielo y tocarlo con las manos.

Es importante saber que la experiencia tiene un rango etario para pasajeros de entre 8 y 65 años. En cuanto al precio el valor hoy es de $320.000.

Trekking en los Glaciares: la experiencia de Hielo y Aventura

Una experiencia que transforma

Participar en una de sus excursiones no es solo turismo: es un encuentro íntimo con una de las fuerzas naturales más extraordinarias del planeta. Entre el crujido del hielo, el silencio imponente de la montaña y la hospitalidad del equipo, cada visitante vive un momento único e inolvidable.

Hielo y Aventura sigue marcando el rumbo del turismo de naturaleza en Argentina, acercando de manera respetuosa y segura la majestuosidad del Perito Moreno a quienes se animan a vivir la aventura.